El Composicionismo tritura: La regularización masiva de inmigrantes como producción de polis

El Composicionismo tritura: La regularización masiva de inmigrantes como producción de polis

Triturados del presente – Miércoles (25/03/2026)

En febrero de 2026, el Gobierno anunció una regularización extraordinaria de cientos de miles de inmigrantes indocumentados con al menos 5 meses de estancia y sin antecedentes penales. La medida busca otorgar permisos de residencia y trabajo renovables, con argumentos de integración, crecimiento económico y derechos humanos. El debate es intenso: unos la ven como necesidad humanitaria y económica; otros como riesgo para la soberanía, la seguridad y la cohesión social.

Función racional La regularización reconoce un hecho material concreto: millones de personas ya están en el territorio, trabajan en sectores esenciales (cuidados, agricultura, construcción), pagan impuestos indirectos y forman parte de la red viva. Mantenerlos en la irregularidad genera exclusión, economía sumergida, tensión social y descomposición de lazos. Regularizar es una forma de estabilizar composiciones existentes y evitar conflictos mayores. Es una preocupación legítima por la consistencia objetiva: integrar sin destruir la capacidad de la polis para sostenerse.

Soporte idealista/gnóstico Ambos lados absolutizan una parte trascendente. Para unos, el migrante es portador de una dignidad universal que trasciende fronteras y composición histórica; regularizar es salvación moral inmediata. Para otros, la nación es esencia cerrada que debe protegerse de la «invasión» externa; cualquier apertura es traición ontológica. Es gnosticismo dual: el mundo material (fronteras, recursos, eros colectivo) es prisión maligna que debe ser salvada por inclusión absoluta o por exclusión absoluta. La teleología es fuerte: la solución viene de imponer un ideal (universalismo o identidad nacional) sin medir la recomposición real del todo común.

Inversión composicionista La regularización no es salvación moral ni traición ontológica. Es acto político de recomposición o captura del todo común. La polis no es marco neutral ni esencia cerrada; es totalidad material que produce subjetividades, eros y formas de vida. El migrante no llega con un yo ya formado que solo hay que «incluir»; su subjetividad se produce en la polis receptora (lenguaje, trabajo, paideia, eros regulado por normas). Regularizar masivamente sin paideia fuerte, límites materiales (vivienda, empleo digno, educación común) y resolución de contradicciones genera subjetividades fragmentadas o capturadas por economías precarias. La composición del todo común tiene límites ecológicos, económicos y de cohesión. Absolutizar la entrada sin recomposición captura el todo por una parte (necesidad de mano de obra barata o discurso moral). El eros migratorio no es privado; es energía colectiva que la polis organiza o captura. La regularización no es «derecho humano» trascendente; es recomposición material que debe evaluarse por su efecto en la habitabilidad compartida.

Resultado del triturado La polarización genera descomposición. El eros colectivo se fragmenta: miedo al «otro» vs. culpa moral, resentimiento nacional vs. victimismo universal. La polis se debilita: menos confianza en instituciones, más tribalismo, incapacidad de recomponer límites reales. Nadie compone; todos capturan una parte (discurso humanitario o soberanista) y dejan el todo común sin dirección. El resultado es una sociedad más tensa, con menos espacio para la recomposición compartida.

Conclusión composicionista La regularización no es salvación moral ni traición ontológica. Es recomposición material de la polis o captura destructiva. La polis no absorbe infinitamente: compone con límites reales. El migrante no se escapa de la composición. Se compone en ella. El mundo no se odia. Se habita.

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